MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS: 5 APRENDIZAJES QUE ME DEJÓ ESCRIBIR EL EFECTO DE LAS PALABRAS

Llevaba varios años con la inquietud, ahí en los recovecos profundos de mi mente, de profundizar en el tema del poder de las palabras, mucho más allá de mi primer libro y del curso que había dictado durante un par de años. Sin embargo, por diversas razones, no daba el paso para empezar a escribir, aunque sí me di el espacio para ir coleccionando investigaciones científicas, datos, palabras inspiradas desde mi conexión con lo Alto, podcasts e ideas para el libro. Todo lo iba anotando en una libreta y lo iba revisando de a poco para descartar aquello que no era relevante para lo que yo deseaba incluir en el libro. Este proceso demoró un año. Luego, a principios de 2025, después de algunos meses de procrastinar, decidí empezar la escritura de El Efecto de las Palabras.

En este artículo, he querido compartir contigo 5 cosas que aprendí durante estos dos años de este proceso de escritura. ¿Por qué? Pues, porque son enseñanzas, yo diría, universales; es decir, lo que yo viví también puede resonar contigo y te puede dar un empuje para actuar y hacer aquello que deseas con el alma.

1. Investigar también es avanzar

Si bien es cierto que varias veces sentí que durante este tiempo estaba posponiendo la escritura, que de alguna manera estaba procrastinando, me di cuenta después de que esto no era necesariamente así. La procrastinación se confunde a menudo con flojera; sin embargo, esta palabra viene del latín procrastināre y significa dejar un asunto para mañana o el día siguiente. Entonces, no es realmente flojera, es simplemente posponer aquello que tal vez puede ser llevado a cabo ahora. Pues bien, durante mi período de investigación, el dejar la escritura para más adelante me permitió prestar atención a detalles, ideas, lecturas y observaciones que después pude incluir en el libro sin la presión de estar escribiendo al mismo tiempo. Ese tiempo me ayudó a afinar mi capacidad de exploración y estudio. En mi caso, la supuesta procrastinación se convirtió en una etapa creativa, llena de ideas para compartir en el libro.

El período de investigación es vital en mucho de lo que emprendes y haces, por ejemplo, si vas a empezar un negocio, te vas a casar, vas a arrendar o comprar una casa, si vas a viajar, si vas a buscar un trabajo o cambiarte a otro, etc. En todos estos casos y más, investigar se hace necesario y fundamental para obtener los resultados que deseas.

Vamos ahora al segundo aprendizaje…

2. La rutina como aliada de tus sueños

No me considero una persona que sigue rutinas, solo tengo una que es casi un vicio, y es que no me salto mi café a media mañana por casi ningún motivo, salvo en caso de necesidad. Sin embargo, a la hora de escribir, cimentar una rutina fue fundamental, pues me permitió entrar en mi zona creativa con fuerza cada día. Con una aromática taza de café, escuchando el Moola mantra del que hablo en El Efecto de las Palabras, me lancé cada mañana, por meses, a dar rienda suelta al proceso de escritura y revisión de las investigaciones científicas que iba incorporando en cada capítulo. Esta rutina se vio interrumpida por un par de viajes y por mi cambio de país, ya que mi familia y yo volvimos a vivir a Australia a fines de julio de 2025. Para entonces, ya tenía cuatro capítulos escritos de los seis que componían el libro. La vida, siempre llena de sorpresas, nos cambia los planes de un día para otro. Verás, después de establecernos en Australia, debí viajar de vuelta a Londres por algunas semanas y ahí tuve un accidente que me imposibilitó seguir escribiendo, ya que me fracturé el hombro derecho y eso afectó mi mano. Entonces, no podía escribir por el dolor y el esfuerzo de tratar de mover los dedos en el teclado o en el papel. Mi terapeuta me recetó reposo absoluto del brazo derecho hasta que mis huesos volvieran a soldarse naturalmente. Recién en abril de este año, 2026, pude retomar la escritura y decidí hacerlo en un “retiro” autoimpuesto. Era imperativo para mí terminar de escribir el libro y tenerlo publicado lo más pronto posible. Ya llevaba dos años en este proceso y mis palabras ya deseaban ver la luz. Por esta razón, empaqué mi maleta y, en compañía de mi marido, nos fuimos a Terrigal, en el estado de Nueva Gales del Sur, en Australia. En este hermoso balneario costero, con una vista maravillosa al mar, escribí desde muy temprano, para ver el amanecer y aprovechar el tiempo en Terrigal, los dos últimos capítulos de mi libro. Volví a establecer una rutina que me llevó, finalmente, a completar mi libro después de dos años de investigación y escritura.

Desde mi punto de vista, tener una rutina es un requisito para lograr tus objetivos. No estoy hablando de la rutina cotidiana, esa de levantarse, ducharse y tomar desayuno; hablo de esa rutina que te da consistencia y que te acerca al cumplimiento de tus sueños. Es más, la rutina está fuertemente ligada a la disciplina, esa temida palabra que nos cuesta llevar a la práctica. Tener una rutina no significa que deberás tener la misma para toda la vida. No, mi experiencia me ha hecho comprender que las rutinas van cambiando y adaptándose a lo que vamos viviendo en cada etapa de la existencia.

Vamos al tercer aprendizaje…

3. El valor de hacer una pausa sin abandonar tus sueños

Durante esos dos años antes de la publicación de El Efecto de las Palabras, hubo varios momentos en que fue absolutamente imprescindible dejar de lado la investigación y la escritura, no solo por viajes o cambios de país, sino también por salud mental y emocional. Cuando tenemos un proyecto que nos apasiona, es fácil caer en la autocrítica, la frustración y en el tan ahora conocido síndrome del impostor. Durante estos dos años, en diversas oportunidades sentí que no valía la pena continuar con el libro, que a nadie le importaría su publicación, que tanto cambio en mi vida personal no ameritaba dedicar tiempo a mi pasión por la escritura. Afortunadamente, esa sabiduría interna que todos poseemos y que se manifiesta cuando le abrimos la puerta me llevó a desechar esos pensamientos intrusivos y a tomar la decisión de solo detenerme y darme el espacio para despejar la mente y las emociones. A veces, solo necesité unos días para retomar mi proyecto; otras veces, unas semanas más. Cuando realmente tuve que detenerme fue después de mi accidente a principios de noviembre de 2025, y no pude volver a escribir hasta abril de 2026. Sin embargo, lejos de desinflar mi deseo de terminar el libro, ese período me dio más impulso para que se publicara lo antes posible.

Es preciso recordar que siempre tendremos estos momentos de duda y frustración en todo lo que emprendamos, en la vida en general, pero de nosotros depende qué hacemos durante esos períodos. Somos seres creadores, en el sentido de que siempre estamos creando lo que vivenciamos. Entonces, habitualmente sugiero escuchar a tu corazón, a tu cuerpo, a tu mente y, desde ahí, tomar decisiones de tus siguientes pasos.

Vamos al cuarto aprendizaje…

4. La sabiduría de saber cuándo poner punto final

Debo confesar que conocer el momento exacto de poner punto final a la escritura del libro no fue fácil para mí. Verás, durante mi tiempo de investigación reuní información variada que yo pensaba que debería estar en el contenido. Sin embargo, se hizo necesario revisar muy bien toda esa información y decidir, tanto con la cabeza como con el corazón, qué era relevante incluir y qué no. De hecho, el capítulo 3, dedicado al efecto de las palabras en el alma, terminó siendo muy extenso y fue imperativo dividirlo y ordenar la información. La verdad es que me hubiera gustado incluir más datos científicos y más relatos personales, pero ya tenía que poner el punto final e iniciar el proceso de edición y publicación. Tuve que, prácticamente, darme un sacudón y decirme: «Verónica, ya es suficiente, debes parar ahora».

¿En qué sentido esta experiencia puede ayudarte?, te estarás preguntando. Pues bien, muchas veces nos aferramos a proyectos, rutinas, quehaceres e incluso a relaciones personales que ya es imposible sostener. Pensamos que si dejamos ir aquello que iniciamos con esperanza, la palabra fracaso se nos marcará en la piel. Déjame decirte que vivimos en un mundo de polaridades, es decir, entre dos polos que cambian según el vaivén de nuestras propias creaciones. La cultura del éxito a cualquier precio nos ha hecho creer que el no lograr algo es negativo. De hecho, la frase «no rendirse jamás» está muy en boga hoy en día y nos hace pensar que debemos seguir ahí donde ya no deberíamos. A nuestra alma le hace bien el soltar aquello que nos daña y nos impide avanzar. Obviamente, cada caso es diferente. Lo de terminar mi libro no se compara con un negocio que no funciona o una relación personal que ya no da más, pero la enseñanza es parecida, pues muchas veces la vida misma nos está mostrando que es hora de terminar algo, nos da un empujón, nos sacude para que tomemos acción. Te animo a poner atención a estas señales en tu vida, a escuchar a tu mente, a tu intuición y a tu cuerpo, y a tomar decisiones en concordancia con todo tu ser, físico y etéreo.

Vamos al quinto aprendizaje…

5. La alegría de crear, más allá del resultado

Esta última enseñanza es importante, pues es muy fácil entrar en el engranaje de tu proyecto y olvidarte de los sentimientos y emociones que te incitaron a llevarlo a cabo en primer lugar, como la alegría al pensar en él, la pasión que sentías en tu corazón, las ideas que venían una tras otra a tu mente, el sabor de lo nuevo, el impulso creativo que sentías, la esperanza y el amor por tu arte y trabajo.

Durante este viaje, hubo momentos en los que le di importancia a la obligación de terminar el libro, a lo que dirían los lectores si no se publicaba en la fecha prometida, a lo que se venía una vez que el libro estuviera terminado. En esas instancias, se hacían presentes los sentimientos de duda, dureza conmigo misma y desánimo. No quiero que me malentiendas, no, estos pensamientos y sentires son normales en el proceso de creación. Pienso que todo escritor y artista pasa por ellos; el asunto es no dejar que tomen control de nuestra creatividad y ritmo de trabajo. Entonces, volvía a recordar la emoción de escribir la primera línea y también de escribir la última, el júbilo que se siente al tener el libro en tus manos, la alegría de recibir los comentarios y reseñas de los lectores; así pues, volvía a la esencia de mi trabajo y comenzaba a disfrutar de él.

Mi sugerencia es que, en esas ocasiones que lo requieras, pienses en el porqué de lo que estás haciendo y en los pensamientos, emociones, sentimientos y palabras de aliento que tu arte trae consigo. Disfrutar de tu labor es un acto de amor propio.

Luz, paz y amor para ti,

Verónica

Nota:

Espero que estos cinco aprendizajes sean de utilidad para ti. Si aún no has leído El Efecto de las Palabras, te invito a hacerlo ahora. Obtén tu libro aquí: https://el-efecto-de-las-palabras-libro.verodarivas.chatgpt.site